Agosto tiene algo de cuaderno de verano. Días largos, pies descalzos y una pregunta que se repite cada mañana: ¿qué hacemos hoy? En el norte de Mallorca, la respuesta llega sola. Está en el olor a pino y a sal que entra por la ventana al despertar. En el rumor de la bahía de Pollença, tranquila como una piscina. En las piedras que pisaron los romanos hace más de dos mil años y en el vuelo lento de una garza sobre la Albufereta. Entre las bahías de Pollença y Alcúdia hay historia para tocar, naturaleza para observar y mar para todos los gustos. Y una certeza: aquí los recuerdos de infancia se fabrican solos.
Esta es una ruta pensada para descubrir la isla a la altura de los más pequeños. Y para que los mayores también la disfruten.
Una ciudad romana bajo los pies
Hace más de dos mil años, en el año 123 a.C., los romanos fundaron aquí una ciudad llamada Pollentia. Hoy, sus restos se recorren a las afueras de Alcúdia: calles empedradas, cimientos de casas, el foro y un pequeño teatro excavado en la roca.
Para un niño, es mucho más que una visita cultural. Es un escenario donde imaginar legionarios, mercaderes y gladiadores. Un consejo: id a primera hora, cuando el sol aún es amable. Y si la curiosidad se despierta, el museo de Pollentia, en el casco antiguo, completa la historia.
Aquí hay un guiño que merece contarse: el resort lleva el nombre de esta ciudad. Dormir en PortBlue Club Pollentia es, de algún modo, alojarse en el mismo paisaje que eligieron los romanos.
Caminar sobre las murallas
A pocos pasos de las ruinas, el casco antiguo de Alcúdia conserva sus murallas medievales. Se puede subir a ellas y recorrer un tramo por lo alto, con las torres y los tejados a vista de pájaro. Para los pequeños, es lo más parecido a jugar a castillos de verdad.
Si coincidís en martes o domingo, el mercado llena las calles de color: fruta, artesanía, sombreros de palma y ese bullicio que los niños recuerdan durante años.
La Albufereta: el safari más silencioso
El resort se asienta junto a la Albufereta, un humedal protegido donde la naturaleza marca el ritmo. Garzas, cigüeñuelas y aves migratorias se dejan ver entre cañizos y lagunas.
Con unos prismáticos y algo de paciencia, cualquier paseo se convierte en una expedición. Es una lección de naturaleza que no cabe en ningún libro de texto: aprender a mirar despacio, en silencio, y descubrir que siempre hay algo moviéndose.
La bahía en kayak
Las aguas de la bahía de Pollença son tranquilas y poco profundas en muchos puntos. Perfectas para un primer paseo en kayak o en paddle surf en familia. Desde el agua, la sierra de Tramuntana se recorta al fondo y la costa se ve de otra manera.
Para los más inquietos, el resort ofrece actividades acuáticas y deportivas para todas las edades. Porque en vacaciones, la energía también necesita su espacio.
Volver a casa (la de verano)
Después de cada aventura, el resort es el campamento base. Ochenta y cinco mil metros cuadrados de jardines, piscinas pensadas para niños y un programa de animación infantil que convierte las tardes en juego.
Y mientras ellos se divierten, los mayores tienen su propio refugio: el Ocean Spa & Wellness, con vistas a la bahía, y espacios reservados solo para adultos. Porque unas buenas vacaciones en familia son aquellas en las que todos vuelven a casa con algo que contar.
En el norte de Mallorca, agosto se vive a la altura de los niños. Y desde ahí, la isla se ve enorme.
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